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miércoles, 9 de julio de 2008

Me iré de las ironías, para llegar a las fantasías.


"No, no. Un poquito más lejos. Es allá", gritó Olivia. "Corre más, que ya estamos por llegar". A lo lejos se visualizaban...flores; millares de flores, las cuales susurraban la llegada de un ser extraño. Él la llevaba como si no pesara, como si ni siquiera estuviera allí. Y ella tan cómoda como sea posible en su espalda... contemplando sus sueños de vez en cuando y despertando para ver el momento de llegar. Él, con su piel de unicornio joven y vívido. Sus patas fuertes como el metal... y su cuerno irradiaba luz y esperanza. Podía iluminar kilómetros y kilómetros. Por último y no menos importante, el cabello. El cabello desprendía colores, que se despojaban a medida que las tocaba el viento y que enamoraban a cualquier ser. Su paso veloz parecía acercarla más. Pero cuanto más deseaba llegar, menos lo hacía... y más se dormía. Y las flores que alguna vez pudo ver, se alejaron más; y su camino terminó en una eterna atadura hacia los sueños...pasando toda su vida en la espalda de su unicornio; y éste seguía corriendo y corriendo y corriendo, tan rápido como podía. Ambos estaban perdidos; ambos se perdieron en el camino eterno. Ambos se escaparon de la realidad.